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lunes, 29 de agosto de 2016

No, no puedo.


Puedo convencerme de que no siento nada.
Puedo fingir que te miro y no se revuelven las dos mil mariposas que habitan en mi estómago.
Puedo creerme que no sonrío cuando te veo.
Puedo decirme que los días no son diferentes cuando sé que voy a verte.
Puedo mentirme a mí misma.
Puedo negarlo.
Puedo hacerlo, sé que puedo...

Pero no, no puedo.

lunes, 4 de julio de 2016

(In)Segura

Llevaba una camiseta que había vivido tiempos mejores, de esas que relegamos al cajón de la ropa de dormir. Me había hecho un moño que sería la envidia del nido de cigüeña más perfecto. Y mejor no decir nada de mi ropa interior. No se me ocurrió pensar que sería él quien llamaba a mi puerta. Me empujó en cuanto abrí la puerta, atrapándome entre su cuerpo y la pared, deslizando la nariz por mi cuello y las manos por mis muslos desnudos. Jadeó en mi oído, besó cada centímetro de piel hasta llegar a mi boca para devorarla y yo sólo podía pensar en que llevaba las bragas más horrendas del mundo y no quería que las viera.
Sus manos siguieron subiendo bajo mi camiseta, amasando mis pechos por debajo de la tela ajada. Clavó los dientes en mi labio inferior. Gimió de gusto y yo me removí nerviosa cuando agarró el borde de mi camiseta y tiró de ella hacia arriba. Se apartó, mirándome, agaché la cabeza, observando mis pies descalzos, las uñas descascarilladas, fijándome en los blancas que tenía las piernas y en el repaso que necesitaba mi depilación.
Se agachó frente a mí, quería verme la cara. Se hirguió y yo levanté la cabeza para mirarle. Joder, qué guapo era, siempre tan perfecto. Me mordí el labio para que no temblara. La cabeza, a veces, funciona en su propia onda. De repente sólo podía pensar en las estrías que surcaban mi vientre y el granito inoportuno que había aparecido en mi cara; en que podía haber avisado para, al menos, haberme adecentado un poco.
Torció una sonrisa y se alejó de mí para acercarse a la cafetera. Sacó una taza más del armario sirvió dos cafés con leche largos y cargados. Se subió a la encimera y me llamó al hueco que quedaba entre sus piernas, abrazándome y hundiendo los labios en la maraña de pelo que coronaba mi cabeza antes de enredar sus dedos en el coletero y tirar de él, dejando mis rizos sueltos y desmadejados. Me acurruqué contra su pecho y él aprovechó para sobarme el trasero y dejar caer al suelo mi ropa interior. Subió las manos por mi espalda y, cuando quise darme cuenta, la tela raída pasaba entre nosotros y volaba hacia la otra punta de la cocina. Y allí, desnuda entre sus brazos, olvidé que aún tenía marcas de la almohada en las mejillas, que el tiempo había dibujado surcos alrededor de mi ombligo y que debía hacerme la pedicura. Porque allí, entre sus brazos, me sentía la mujer más segura del mundo.

lunes, 11 de abril de 2016

A golpe de click


No recuerdo cuándo nos conocimos, no recuerdo cuando empezamos a interactuar ni cuándo comenzamos a seguirnos. No recuerdo cuál fue nuestro primer mensaje ni qué nos dijimos. No recuerdo cómo pasó, cómo las palabras traspasaron la pantalla y lo que sólo eran letras se convirtió en palabras, en llamadas interminables que acababan con la oreja ardiendo tanto como el teléfono, en risas acalladas para no despertar a nadie cuando hablabamos a las tantas, en miradas curiosas de quien me rodeaba... No recuerdo cómo pasó, cómo tú, tú, que sólo eras un avatar más, uno de tantos seguidores, de tantos buenos días, de tantas fotos de cafés que nunca tomaríamos... Tú te hiciste un huequito.
No recuerdo cuándo se me fue tanto la olla que decidí que ponernos cara y cuerpo y tacto sería buena idea. Que sería bonito y divertido vernos después de confesar que había algo que revoloteaba en mi estómago cada vez que el LED del teléfono anunciaba un mensaje nuevo, cada vez que tu nombre aparecía en mi pantalla... No recuerdo cuándo me subí a un tren, libr en mano y nervios por todas partes. No recuerdo cuándo me llamé de todo: idiota, loca, tonta, imbécil. ¿Quién te mandará a ti, alma de cántaro...? Cuando te tuve enfrente y se me encogió el estómago, recuerdo que me temblaron las piernas y no sabía ni cómo saludarte. Recuerdo que me pediste un beso. Recuerdo que te pedí tiempo. Recuerdo que hablamos. Que paseamos. Que nos besamos. Que nos tocamos. Que nos despedimos.
No recuerdo cuándo empecé a sentir que algo iba mal. No recuerdo cuándo mi estómago dejó de agitarse cuando el LED se encendía porque sabía que ya no eras tú, ya no serías tú. No recuerdo cuando decidí que sería buena idea buscarte. Unfollow. Block. Se acabó. Igual que empezó. A golpe de click.

lunes, 21 de marzo de 2016

Ya no se escriben cartas de amor.


Me siento en mi escritorio y escojo mi bolígrafo favorito, ese que sólo utilizo para los textos especiales. Preparo un taco de folios en blanco y esa guía que llevo utiliando desde que iba a la universidad y me servía para no torcerme cuando pasaba los apuntes a limpio. Respiro hondo, doy un sorbo al té humeante y dejo fluir las palabras. Pienso en ti. En la forma en que me das los buenos días,acabando siempre con ese icono que lanza un beso con corazón. En la forma en que me haces sonreír con una simple palabra. Pienso en cómo me miras, en cómo me rozas casualmente, como sin querer. Pienso en lo bonito que es sentir las mariposas revoloteando por todo el cuerpo porque el estómago se les ha quedado pequeño. Pienso en lo extraños que son los días que no te veo, en lo que te echo de menos a pesar de pasarnos horas hablando.
El bolígrafo camina solo, no pienso en lo que escribo, sólo lo hago. La tinta azul dibuja trazos precisos, letras pequeñas y redondeadas que no son sino una colección de eufemismos para decirte que no hay día que mi corazón no se salte un latido cada vez que me diriges la palabra; que mi respiración se acelera cuando te tengo cerca y hasta el estómago se me encoge cuando me abrazas. Doy mil rodeos para no decirte directamente que siento tantas cosas que no sé ponerles nombre y que me muero de miedo sólo de pensar que puedas darte cuenta de ello antes de que pueda ponerlas en orden. Porque no puedo, no sé decirlo, no sé si quiero. Y tengo miedo. Y llámame cobarde, pero ya malgasté muchos "te quiero" y este es tan grande que temo soltarlo a destiempo.
Creo que desvarío, le he dado tantas vueltas al tema para no enfrentarlo que he caído en una espiral de palabras que dicen todo y no dicen nada. Espero que lo entiendas. No es fácil ponerle letras a algo tan grande que no tiene definición. Deberían inventarle un nombre a todo esto, algo nunca dicho, nunca escrito. Deberían para que pudiera decírtelo. Para que pudieras entenderlo. Y sigo escribiendo. Y creo que ya te lo he dicho todo. Y creo que me falta mucho por decir.
Doblo la hoja en cuatro partes y la meto en un sobre que lleva tu nombre y el mío. Lo cierro con cuidado y lo sostengo entre las manos. Ahí dentro van más que palabras. Siento que pesa mucho, demasiado para ponerle un sello y echarlo a un buzón. Respiro hondo, del té ya no sale humo, sólo es un líquido frío y ambarino que no me aclara las ideas.
- Hola. ¿Qué tal?
Te dejo el mensaje en el wassap. El sobre me mira desde el cajón donde lo he lanzado.. Doble check azul. Cierro el cajón, el sobre se queja.
- Bien. ¿Y tú?
Y volvemos a la rutina de escribirnos cada día con letras sin forma, letras sin alma. Porque ya... Ya no se escriben cartas de amor.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Y si...?



Me abrazo a la almohada una noche más.  
Finjo que no sé, que no he sabido. Finjo que no me gusta estar contigo.
Puta canción, se me ha grabado en la cabeza.
Cierro los ojos y lo intento, intento no pensar, dejar la mente en blanco. Intento no llorar.
Tarde.
No puedo evitar hacer preguntas al aire, de esas que nadie va a responder porque nadie tiene la respuesta.
¿Y si no hay más primeras veces?
¿Y si no hay más primeros besos?
¿Y si estoy condenada a que todo empiece y acabe en esa puta sensación?
¿Y si... no hay más?
Me esforcé en construir una coraza a prueba de golpes, en evitar el daño y, tal vez, no me habría venido nada mal rasparme de vez en cuando las rodillas.
Me empeñé en dejarte entrar, en permitir que pasearas a tus anchas, que descubrieras cosas que mí que ni yo misma conocía y tú...
¿Y si todo acabó contigo?
¿Y si nadie vuelve a...?
¿Y si...?

viernes, 11 de marzo de 2016

A la mañana siguiente.




Abro los ojos y hago pastitas con la boca. Es involuntario. Gimoteo un poco, no me quiero levantar, siempre me parece demasiado temprano. Y remolonear me parece una idea tan apetecible si es contigo… Me giro para buscarte y noto el frío en tu lado de la cama. La casa no huele a café y tostadas ni se oye el sonido de la ducha. Sólo hay silencio y el ruido del tráfico atravesando los cristales. Miro el reloj para comprobar que no es tarde. Me cuesta salir de entre las mantas, fuera hace frío y sólo llevo una camiseta vieja que huele a ti. Busco por el piso una nota, algo, una pista de dónde estás, de por qué no estás. Pero no hay nada. Sólo silencio y frío donde anoche había caricias y risas. Las copas aún reposan sobre la encimera, a medias. No las acabamos, había cosas más interesantes que probar. Tus labios en los míos, por ejemplo. O el sabor de tu piel cuando desfilaba por ella besando, lamiendo, mordiendo… El de tu sexo en mi boca o el del mío bebido de la tuya. El aire se llenó de palabras pronunciadas a media voz, entre dientes, de jadeos y gemidos, del sonido de nuestras pieles en la oscuridad de la noche. Como si fuéramos furtivos escondiéndonos del mundo, protegidos por las sombras que dibujan las farolas al colarse por los agujeros de la persiana. Nuestros cuerpos dibujaron siluetas en las paredes, revolvieron las sábanas y deshicieron la cama. ¿Dónde estás?
Juego con el móvil entre las manos, debatiéndome entre mandarte un mensaje, tal vez llamarte, o esperar que seas tú quien lo haga, pero algo dentro me dice que no lo harás, que sólo he sido una estación de paso. Miro hacia el dormitorio, con la taza de café calentándome las manos y los pies helados por caminar descalza. Mi mente viaja unas horas al pasado y recuerda mi cabeza en tu pecho, nuestras respiraciones acompasándose. Los párpados pesan y nos quedamos dormidos. Sé que me muevo mucho. Mi madre decía que pobre del que compartiera colchón conmigo, por eso me gusta esta cama tan grande… Sé que me separo de tu cuerpo porque noto el frío de las sábanas, pero siento tu brazo bajo la almohada y tu mano buscando mi cintura para abrazarla. Escucho tu respiración y la siento en la nuca. Sé que farfullo en sueños y hago ruiditos al respirar. Mi hermana decía que parecía Darth Vader y que era imposible conciliar el sueño a mi lado, pero te siento ahí, detrás de mí, respirando. Y me dejo vencer por Morfeo. Vuelvo al presente, no recuerdo haberte escuchado marchar. Ni haber sentido un beso en mi sien antes de que salieras de mi casa.
No llega ningún mensaje. Ninguna llamada. Y me lanzo a hacerlo. Te llamo y no respondes. Te envío un wasap que no llega. Y lo intento, has cerrado otras vías de contacto. No lo entiendo. Cierro los ojos y me apoyo en la encimera. No entiendo nada. ¿Dónde quedaron los besos y las caricias? ¿Dónde están las palabras que dijimos, las promesas que hicimos? ¿Dónde estás? Mi mente divaga entre mil razones posibles, unas duelen más que otras, algunas reabren viejas heridas y despiertan inseguridades que había conseguido dormir. Seguramente abrieras los ojos y vieras la colección de estrías, le michelín sobre mi cadera y los hoyuelos que pueblan mis muslos. Y perdiera fuerza lo mucho que te gustaban mis rizos anoche, cuando enredabas tus dedos en ellos para atraerme a tu boca; o la forma en que tus dedos se clavaban en mi carne cuando me sujetabas para entrar más adentro; puede que mis labios entreabiertos al dormir no te resultaran tan sexys como anoche mientras recorrían tu abdomen y rodeaban tu polla… Por favor, que alguien calle a esa voz que me dice que, al despertar, sólo era yo y yo no soy suficiente… Por favor, dime porqué esto a la mañana siguiente…


miércoles, 9 de marzo de 2016

Ya no sé que duele más.

Tu Imagen, Mis Letras. @Imper31307
Le veo alejarse poco a poco, paso a paso. Espero que se gire y mire atrás, que se de cuenta de que me está dejando allí, en medio de la nada, como en un limbo. Espero que recapacite y vuelva, que vea lo que pierde y decida que no quiere hacerlo. Su silueta es cada vez más pequeña y más borrosa. Me prometí no llorar, pero no he podido evitarlo.
Hace unas horas me tocaba los labios extrañando sus besos y, ahora, sé que no van a volver. Ni sus caricias o esas palabras suaves. Ya no será ese "poco a poco" que nos prometimos para no forzar ni tantas otras cosas... Has decidido ponerle fin a una historia que no había terminado de arrancar, algo en lo que creía hasta con los ojos cerrados. La realidad se ha encargado de abrirme los ojos, de enseñarme a no creer en lo que no puedo ver ni tocar.
Fuiste tan intagible siempre... Tan imposible, como ese sueño que se repite y nunca llega a realizarse. Y me hiciste creer. En ti. En ese sueño. En todo lo que siempre quise creer. Me diste ilusión y, luego, te la llevaste lejos, contigo, con lo que tuvimos y lo que nunca tendremos.
Ya no puedo verte, has desaparecido en el horizone con todas esas cosas en las que ya no volveré a creer. Y no sé que duele más...

miércoles, 2 de marzo de 2016

Reflexiones de una noche de desengaño


Tú y yo no estábamos hechos para volar. Ni para amarnos. Tú y yo no podíamos sino herirnos con la misma intensidad que nos mirábamos y nos teníamos. Nos queríamos a nuestra manera. Sin dejar de hacernos daño. Sin dejar de acercarnos... Éramos dos piezas de distintos puzles que encajaban a la perfección, pero estábamos tan condenados a separarnos que el destino se hizo cargo por nosotros.

viernes, 26 de febrero de 2016

Me gustas.


No me preguntes porqué, no lo sé. Sólo sé que esas dos palabras aparecieron un día ante mis ojos, como por arte de magia, como si antes no hubiera podido ver que era así, que me gustas.
No te asustes, no es una petición de matrimonio. Pero, ¿sabes? Me gustaría entrelazar nuestros dedos con disimulo, correr a escondernos a un rincón para matarnos a besos, que nos entre urgencia por volver a casa, por quedarnos solos...
Quizá sea porque me haces reír. Quizá tenga que ver que siempre tengas la palabra correcta. O que estés ahí para rescatarme cuando caigo, para creer en mí, para soportarme cuando ni yo misma me aguanto. No sé...
Tal vez sea la forma en que me miras. O la forma en que te miro. No sé, pero me gustas y no sé decirlo de otra manera. Puede que esté anticuada, que ya no se estile, pero nunca me importó no adaptarme a los nuevos tiempos, a esas modas que pretenden amar sin que lo parezca, que se esconden y se engañan diciendo que no llevan el corazón a cuestas. ¿A quién pretendo engañar si siempre he sido de las que pone el corazón en cada paso? Y contigo no iba a ser menos. Y ese pequeño músculo tonto, ese que tu dices que es muy grande, dice que le gustas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Hay quien lo llama huir.

Tu imagen, mis letras @JuliQuimi 
Adiós. Lo siento. No debería, lo sé. Debería pelear un poco más, aguantar un poco más, esperar que pase, que deje de doler, pero no puedo, ya no. Estoy demasiado cansada para seguir, siento que las fuerzas me faltan y que mi mejor opción es alejarme, poner tierra de por medio. Hay quien lo llama huir. Yo lo llamo ponerme a salvo.
Quizá, lejos, pueda evitar seguir mirando, pueda aprender a apartar la vista. Puede que te duela, sinceramente, lo dudo. Por dudar, dudo hasta de que te des cuenta de que me he ido, de que me he alejado de ti.
Mientras escribo esto pienso en que, seguramente, no te des por aludido, es más, seguramente, ni llegues a leerlo.
Me duele, es así, no puedo negarlo, pero tampoco puedo hacerte responsable de ello. No, aquí la única culpable de abrir la coraza y dejarte entrar y trastear con todo soy yo. Para ti sólo era un juego que yo me tome en serio, tampoco puedo culparte de que no supieras que yo estaba poniendo el corazón sobre la mesa y llevaba mala mano...
Tranquilo, ya he hecho las maletas, ya no molestaré más. Dejarás de saber de mí y, cuando quieras darte cuenta, habré desaparecido, habré ido lejos, donde me lleve este tren. Le he dejado mi aroma al viento, por si quisieras buscarme...

lunes, 22 de febrero de 2016

Hazlo durar

Tu imagen, mis letras @mamenflow
Una última copa de vino. Un baño caliente, con espuma. Suena música, no recuerdo quien es. Una voz femenina, suave, canta al ritmo de una melodía de piano. Abrázame fuerte mientras nos besamos... Hazlo durar.
Me sumerjo en el agua, con los ojos cerrados. Hazlo durar...
La sensación de calidez al dormir entre tus brazos. Hazlo durar...
Sentirme pequeña y grande a la vez. Sentir que todos mis miedos desaparecen cuando nos besamos y tus pestañas rozan mis mejillas. Hazlo durar...
El estallido de mil fuegos artificiales cuando tus manos recorren mi cuerpo y tu respiración encuentra refugio en la curva de mi cuello. Tú y yo unidos, fundidos, piel con piel, sin espacio para el aire. Hazlo durar...
La paz de acurrucarme en tu pecho y escuchar en silencio tus latidos. Hazlo durar...
La promesa de un para siempre, el brillo en los ojos, la ilusión de una vida a tu lado. Hazlo durar...
Los añicos de un sueño que se rompe, como miles de cristales estallando a la vez. La onda expansiva de cuatro palabras y un lo siento. Las heridas abriéndose profundas, rasgando la piel, sangrando. El corazón agonizando y una última respiración.
La canción ha terminado.
El agua se ha enfriado.
Y yo no supe hacerlo durar...

miércoles, 17 de febrero de 2016

Querido Cupido

Tu imagen, mis letras @IsikiYeah

En estas fechas tan señaladas, voy a pedirte un favor, uno fácil y pequeñito: la próxima flecha para mí, te la guardas. Mira que tienes mala pntería. Quizá seas más miope que yo y te equivoques al elegirla. Yo creo que siempre me lanzas la flecha que va dirigida a otra persona. O, tal vez, te falta intuición. Será cosa de la edad, demasiados años siendo niño y creyendo en ese amor de cuento de hadas que, permite que te diga, sólo existe en los libros.
Que sí, que no sólo es cosa tuya, lo sé. Que tú tiras la flecha y escondes la mano y me dejas el corazón lleno de pinchazos y recuerdos de historias pasajeras, infectado de aquellas que ni siquiera comenzaron. Y me pides que siga creyende en el amor, en las flores y los corazones cuando yo me conformaría con unas tiritas y unos puntos de aproximación para cerrarme las heridas. Así que hazme ese favor, no lances esa flecha. Ya me ocuparé yo de buscar a quien acusar cuando el amor triunfe.

lunes, 15 de febrero de 2016

Quiza sea yo...



Cogí la taza de café entre las manos para calmar un frío que no sabía bien de dónde venía. Llevaba tiempo dando vueltas a aquella idea en mi cabeza. Un pensamiento que escocía y hacía daño, como si alguien te arañase las entrañas o apretara tu cuello hasta dejarte sin respiración.
Sólo era una idea que había ido creciendo y haciéndose fuerte, una pregunta que no dejaba de repetirse y que siempre respondía de la misma forma. Un "¿por qué te vas?" que me respondía sola. Y, después, un "¿qué hice mal?" y el sentimiento de culpa. Quizá no fui lo que esperabas, quizá no fui quien querías que fuera, no sé, no lo entiendo. Las cosas cambiaron de la noche a la mañana y quisiera creer que no fue por mi causa, aunque esa jodida voz en mi cabeza no deja de repetirme que algo malo tiene que haber en mí, algo que no encaja, algo que no sirve... Quizá sea yo en todo mi conjunto.
Di un trago al café amargo y suspiré. Quizá esa voz tenga razón. Ojalá se callara...

viernes, 12 de febrero de 2016

Ya no me dueles...

Tu Imagen, Mis Letras. @lady_gilda
No siento nada. Nada. No tengo mariposas en el estómago ni se me encoge el corazón cuando le pienso. Soy dura. Soy fuerte. No me afecta. Juro que la piel no me escuece cuando les veo juntos, que mis lágrimas no brotan por no ser yo la que camina de su mano, la que besa sus labios, la que comparte sus buenos días y sus buenas noches...
No, no me duele el alma cuando pienso que sus manos ya no me tocan. Y, si imagino su cuerpo pegado al mío, no me recorre la electricidad. Prometo que esta coraza es infranqueable, que nunca se coló hasta lo más hondo de mi ser. Que estos labios rojos no tienen nada que ver con que me sienta pequeña e insignificante. Que el humo de este cigarro no se lleva la amargura que me llena los pulmones. Prometo que ya no busco en otras camas lo que un día dejé en la suya.
Prometo que no estoy mintiendo.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Marañas

Tu imagen, mis letras. @Imposibleolvido
Hecha un ovillito en la cama estoy más guapa. Aquí, arrebujada entre unas sábanas que no puedo dejar de sentir frías. Todo bulle. Todo truena. En mi cabeza la tormenta no cesa.Ya no sé qué pensar. Ojalá hubiera una forma de hacer que el corazón dejara de sentir como siente. Ojalá mis ojos no te vieran como te ven. Todo sería más sencillo y esta maraña de emociones de desharía por sí sola. Podría, no sé, aprender a no ilusionarme, aprender a no sonréir cuando apareces de repente e iluminas mi vida, como esa calma en el ojo del huracán. Tú lo haces todo más fácil y, a la vez, más difícil. No lo entiendo. Quisiera poder ver las razones que me llevaron a quererte antes de conocerte, poder entender cómo eres capaz de deshacer el hielo de mi corazón mientras tu ausencia congela mis sábanas, poder tenerte aquí, conmigo, hecho un ovillito a mi lado en la cama. Sin tanta tormenta. Sin tanta maraña.

lunes, 25 de enero de 2016

Buenos días.


Se cuelan los primero rayos de sol por la persiana. Dibujan formas curiosas en tu cuerpo. Tu pelo enrdado, revuelto sobre la almohada y yo en vela desde hace horas, mirándote dormir, pidiendo a mis manos un control que yo no tengo. Las deslizo bajo las mantas, tu cuerpo suave, caliente, se resiente ante el frío de mis dedos. Gruñes bajito y te retuerces, ahora te tengo más a mano. No me entretengo en el camino, sé que, a veces, es divertido, pero ahora no, tengo otro objetivo.
Me deslizo ligera, directa, sin prisa, sin pausa. Última frontera, ese maldito elástico que siempre me frena. La cruzo, sin pensar demasiado, mi cabeza no es buena consejera en estos casos. Te estremeces con la primera caricia y adivino un quejido atascado en el fondo de tu garganta. Estos siendo delicada, apenas las yemas de mis dedos rozando tu masculinidad. Despacio, suave. Te muerdes los labios y acallas un gemido, estás despertando, pero no abres los ojos, me dejas seguir acariciando, tocando, rozando. Te acomodas, no dices nada, sólo se escucha tu respiración agitándose y el leve sonido de mi piel en contacto con la tuya.
Te retuerces, te tensas, lo noto baj mis dedos. Tu excitación crece con la mía. Paro, en seco, preparando mi siguiente movimiento. Rápido y certero, mis braguitas caen al suelo y sólo me abriga tu camiseta. Me subo a ti, a horcajadas, y el sol ilumina los lunares de tu pecho. Mis dedos juegan a unir los puntos, mi cuerpo se balancea, buscándote. No tardamos en encontrarnos, nuestros ojos se cierran y nuestras bocas se abren. Toda mi piel se eriza al contacto con la tuya. Silencio, gemidos, cuerpos chocando... Tú, sólo tú. Tus manos se agarran a mi cintura, me mueves a tu antojo, bailo para ti. Buscamos la unión perfecta y encontramos un error constante. Quizá sólo por la diversión de seguir buscando, de seguir probando. Es un juego que ninguno de los dos quiere terminar. Uno en el que no gana ni pierde ninguno. Tú aceleras, yo freno. No quiero acabar. Se está bien aquí, así, contigo dentro, tocándome, acariciándome, llevándome al cielo... Bajándome al infierno. Te tensas más, aceleras mñas y yo te sigo el ritmo porque ya no puedo hacer otra cosa. No coordino las palabras, no las controlo, no las escucho. Sólo tu respiración y el chasqueo de nuestras pieles. Sólo ese gemido ahogado que luchas por retener.
Mi espalda se curva, tus manos se aprietan en mi cadera. Te siento más dentro, más duro, más... Gruñes. Grito. ¡Oh!
Me derrumbo sobre tu cuerpo al vaivén de nuestras respiraciones aceleradas, al compás de nuestros latidos frenéticos. Me acaricias la espalda con las yemas de los dedos. Un beso entre mis rizos desmadejados. Otro en los labios. Suave, tierno. Un susurro. Buenos días.

viernes, 22 de enero de 2016

De monstruos y otros miedos.




A veces tenemos cosas tan arraigadas, tan dentro, que cuesta un mundo sacarlas, cambiarlas...
Para alguien que no sabe que esas cosas condicionan tu forma de ser y actuar, puede ser complicado entender porqué actúas de esa forma.
Te acostumbras a que la gente se porte contigo de una manera y crees que todos van a hacerlo igual.
Desconfías de quien te trata bien porque crees que tiene algún interés o segundas intenciones, que solo será otro que quiere reírse de ti.
Alejas a la gente que te quiere y te trata bien porque crees que acabarán haciéndote daño. En el fondo sabes que no es así, no en tu cabeza.
Te encierras en una coraza. Nadie entra, nada sale. No te abres, tienes miedo de hacerlo y darles la oportunidad de destruirte. Miedo. Domina tu vida en todos los ámbitos. Miedo de ser tú mismo. Miedo al rechazo, al que dirán, a que se rían, que te hagan daño. Miedo de ser un estorbo, de molestar, de que te traten bien por compasión, por quedar bien, por compromiso. Miedo de ser una puta obra de caridad, la buena acción del año. Miedo de dejar ver lo que hay dentro de ti para que no puedan jugar con ello ni utilizarlo para herirte.
Porque en tu cabeza no vales nada. No sirves para nada. Llevas tanto tiempo creyéndolo que se convierte en tu única realidad. No le importas a nadie, no le interesas a nadie. En ningún sentido. Da igual cuántas veces te digan que no es verdad, cuantas veces te lo demuestren. No puedes creerlo ni verlo. No dejas que nadie te vea de verdad. Llevas una máscara día y noche. Te escondes del mundo en tu rincón, allí nada te hiere.
Esperas siempre el siguiente golpe. Esperas que no duela demasiado. Esperas que sea diferente. Esperas, pero sabes que no será así.
No buscas aprobación, sólo que te dejen pasar, que te ignoren, ser un fantasma, invisible. Intentas no destacar, pasar desapercibido. No crees que nadie pueda fijarse en ti. ¿Cómo van a hacerlo? Nadie vendrá a salvarte y tu solo no puedes. Todas esas cosas te arrastran, te arrasan, de nuevo al fondo, roto, herido, destrozado.
Sigues en tu rincón seguro y, de vez en cuando, lloras. Más a menudo de lo que te gustaría. Tratas de sacar todo lo que llevas dentro. Y, a veces, crees que lo has conseguido. Pero vuelve el miedo, la inseguridad y eso que creías que ya no estaba ahora es más fuerte. Y aprovechas, escondido detrás de un avatar, a desnudarte cuando nadie te lee. Y esperas, esperas que no se vuelva en tu contra.

miércoles, 20 de enero de 2016

Volver...


Volver al lugar de ese último abrazo, esas últimas palabras, ese último beso... Hay lugares que siempre tendrán ese aura triste de despedida, de últimas veces. Lugares que despiertan los recuerdos que más duelen, que más pinchan, esos que remueven las cenizas de lo que un día fueron mariposas y llaman a las lágrimas a salir, a rodar libres por las mejillas.
Hay lugares que empapan las pestañas y empañan la mirada, que te hacen volver la vista atrás y pensar en todo lo que pudo pasar, todo lo que pudo ser, todo lo que no fue. Que te hacen buscar los porqués de lo ocurrido, los fallos. Te preguntas qué hiciste mal, si fuiste demasiado... tú.
Hay lugares que remueven cosas, lo remueven todo, como quien rebusca entre las ruinas de un terremoto algo que salvar.
Hay lugares que son catástrofe, desastre, sin supervivientes, en los que sólo se salvan las letras...

lunes, 4 de enero de 2016

Lo quiero contigo...


Quiero un baile entre tus brazos, de esos que acaban con los dos desnudos, revoviendo las sábanas. Escribir con mis labios por todo tu cuerpo, no dejar un rincón sin su letra. Leer cada verso de tu piel acariciándola con mis dedos- Y repetir. Releerte.
Quiero una canción de esas que susurras en mis oídos y tocas en la curva de mi espalda. Una de esas danzas malditas en las que acabamos arqueados y temblando. Uno de esos silencios cómodos llenos de respiraciones entrecortadas y latidos acelerados.
Quiero ese descansar en tu pecho después de la batalla entre los cuerpos. Ese aroma a piel y sexo. Quiero esos murmullos, esas caricias, esos dedos tuyos enredados, sin querer, en mi pelo, esas piernas entrelazadas. Quiero ese abrazo adormilado, ese gemido en sueños, ese brazo apretándome más contra tu cuerpo.
Quiero todo. Y lo quiero contigo.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Sigue leyendo


Si quieres que me desnude, sigue leyendo. Aquí no encontrarás kilómetros de piel expuesta, no verás unas curvas donde perderte o un cuerpo en el que hundirte. Aquí encontrarás un alma que grita, unos ojos que hablan, unas letras que calan. Lo que hay aquí dentro es una coraza abollada de tantos golpes, deslucida por lo salado de unas lágrimas que brotan, a menudo, con demasiada facilidad. Una coraza que esconde mucho, pero, si te fijas bien, deja ver más de lo que crees. Una coraza que encierra mucho miedo y muchas inseguridades, muchas tormentas sin amainar. También encontrarás un corazón que late, a veces frenético, otras, agónico; unos pulmones a los que, a menudo, les cuesta llenarse de aire; un estómago que se encoge ante un abrazo, repleto de mariposas que aletean con fuerza y lo revolucionan todo y se equivocan casi siempre; una cabeza que piensa demasiado, que razona lo irrazonable, que se desoye cuando le viene en gana y le cede las riendas al corazón para que actúe a sus anchas, ya le dirá eso de "te lo dije" cuando venga retorciéndose de dolor.
Sigue leyendo. Aquí leerás palabras que sangran, de esas que sólo se escriben cuando uno se abre en canal, de par en par, dejando todo al aire. Hay palabras bonitas, tristes; palabras que excitan, que incitan; palabras que pretenden hacerte sentir, recordar o, tal vez, olvidar. Aqui me encontrarás a mí, desnuda, porque no hay mayor desnudez que poner el alma en cada letra, escribir a corazón abierto, desangrarse en palabras...
Pasen y lean.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...