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viernes, 24 de noviembre de 2017

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas a Madrid. Estaba tan emocionada que había vaciado el armario encima de la cama, el baño parecía un Sephora y, después de diez cambios, aún no había decidido qué ponerme. —Tranquila – me dijo en un wassap, - yo voy en vaqueros y camiseta. Pero no me tranquilicé. Mis vaqueros favoritos habían encogido un poco después del fin de semana de comilonas que nos habíamos dado por el aniversario de Álex y Rober, el cumpleaños de Gonzalo… Madre mía, iba a ser un desastre. Si Rober me oyera me daría un bofetón mental con una de esas frases suyas que siempre consiguen animarte y hacerte pensar, pero no estaba y no podía oírme y yo estaba entrando en crisis porque quedaba media hora para la reunión y aún no me había decidido por un modelito. Cuando llegué, Vanessa estaba sentada en uno de los sillones junto al ventanal, concentrada en su libreta. El boli se movía tan rápido que me dio pena acercarme e interrumpirla así que me acerqué a la barra y pedí un café con leche y esperé a que levantase la vista del papel para ir a sentarme frente a ella. Verla escribir daba paz y a la vez ganas de saber quién sería el protagonista de su nueva historia, si sería como la mía con Gonzalo, si también habría un Jorge… Pero no pregunté, uno no pregunta a una escritora por sus proyectos, tienes que dejar que te los cuente ella. Me sentía acobardada, ¿qué hacía yo sentada frente a una escritora que ya tenía un libro mientras yo guardaba mis proyectos en el cajón de la mesilla? Además estaba cortada, con lo lanzada que había sido para decirle de quedar y ahora… no me salían las palabras. —¿Qué tal? – me atreví a preguntar. —Bien – contestó con la boquita pequeña, no la esperaba tan vergonzosa, por wassap no lo parecía. – Esto es más fácil por teléfono – sonrió tímidamente. —Si te sirve de consuelo, yo estoy igual – di un sorbo a mi café y rebusqué en mi cabeza la lista mental de preguntas que quería hacerle, pero sólo se me ocurrió decirle – ¿llevas mucho esperando? —Ah, no, estaba escribiendo, no te preocupes. A ver si consigo encauzar el proyecto nueve, me trae de cabeza. —¿Bloqueada? —¡No! Gracias a Dios, no. Ya me pasó con el anterior, tuve que aparcarlo porque no había forma y ahora sus personajes no dejan de llamar mi atención y darme ideas para que vuelva, pero no quiero, quiero centrarme en este y en la documentación del siguiente… A veces creo que me voy a volver loca, si no lo estoy ya. Hablar con gente que sólo existe en tu cabeza es de chiflados, ¿no? —Un poco, pero creo que os pasa a todos los escritores – me reí. – No me cuentes nada vital pero, el proyecto nuevo ¿de qué va? ¿Se parece a mi historia? —Uhm... – dio un trago a su café. – Sí y no. Quiero decir, es una historia romántica, pero hasta ahí las similitudes. —¿Y el siguiente? ¿Cómo puedes llevar dos historias a la vez? —¡No puedo! – se rió. – Sólo escribo una, pero me voy documentando y tomando notas de la siguiente, cuando acabe con una, me pondré con la otra. Si no sí que me volvería loca del todo. —Vaya… Pero supongo que será difícil escribir algo con otros personajes en mente, ¿no? —Un poco, intento dejarles apartados, hacerles callar de alguna manera, o hacer sobresalir a los que necesito con música para que “hablen” más alto que el resto. Además no son sólo los futuros, no veas lo que cuesta soltaros del todo, siempre dejáis un cachito de vosotros dentro de mí. —Y tú dentro nuestro, no creas, a veces pienso que hay algo por ahí dentro que nos une. —Creo que imposible no dejar una parte del autor en el personaje, aunque sea pequeñita, eso no significa que la historia sea autobiográfica, de ser así, mis historias serían bastante aburridas, pero de alguna forma, parte de la personalidad del autor se cuela en los protagonistas. Creo que tiene que ver un poco con que viváis dentro de mi cabeza. —Eso sí que ha sonado un poco a chiflada – me reí. —Lo sé, por eso no se lo digo a casi nadie, no quiero que me tomen por loca. Aunque ya lo decía el sombrerero, las mejores personas lo están. —Además de verdad. Un poco de locura nunca está mal. Si no, no habría vivido esa aventura… —Creo que los GinTonic también tuvieron algo que ver… —¡Para que luego digan que las ensaladas son buenas! – me carcajeé. —Bueno, bueno, toda la culpa no es del alcohol… Álex puso algo de su parte. —Puso a Jorge en mi camino. Y, ¿sabes qué? No me arrepiento de nada. De lo único que hay que arrepentirse es de lo que no hacemos. Todo lo demás nos lleva al punto donde estamos, nos ayuda a crecer, a evolucionar… —Qué sabia eres a veces, Sara. —Creo que eso lo heredé de ti. Junto con alguna que otra cosilla… —El gusto por la moda, el maquillaje, algún que otro complejo… Apuesto a que has pasado un buen rato eligiendo qué ponerte, ¿me equivoco? —Mi cama parece un mercadillo, pero ya sabes: “todas las mujeres tenemos un armario lleno de nada que ponernos”. —Y tener una talla grande no está reñido con tener estilo ni vestir bien. ¿Todavía tienes ese vestido fucsia? —¡Claro! Lo tengo en el trastero en una caja, pero pienso vengarme de Nerea y ese vestido será mi arma. —¡Eso no me lo pierdo! Bueno… ¿Qué tal todos? —Bien, más o menos. Álex y Rober han pasado una pequeña crisis y me fastidia no haberme dado cuenta, estaba demasiado centrada en mis problemas y no vi que ellos no estaban en su mejor momento. Aunque en el fondo creo que les ayudó, necesitaban salir de esa rutina que se habían autoimpuesto, todos los viernes afterwork, los sábados al teatro, los domingos al centro comercial… Eso no es sano, lo sé por experiencia. —¿Sabes algo de Héctor? —No. Y la verdad es que me da igual. Me crucé un día con él por la calle, le saludé por educación y no sé si me lo devolvió, no le guardo rencor. Con el tiempo aprendes que hay cosas que es mejor que se rompan del todo que seguir remendándolas, duele, pero al menos sabes que llegará el momento en que dejen de hacerlo. Si seguíamos poniendo parches a lo nuestro acabaríamos por hacernos polvo y no merece la pena. —Eso no sé si lo has heredado de mí… —Créeme, sí, todo esto lo llevas tú dentro y nos lo traspasas a nosotros, eres nuestra voz, nuestra conciencia… Sin ti no existiríamos. —Calla, que me vas a hacer llorar… —¡Pues llora! Es liberador. A veces es necesario, no lo seas tanto como yo, pero sácalo fuera que dentro se enquista. —Es que tú eres una Drama Queen. —Sólo un poco – me reí y vi como buscaba en su memoria algún ejemplo. – No, no me digas nada, que ya lo sé. Soy muy melodramática, me crié viendo telenovelas. —Y lees demasiada novela romántica. —De eso no puedes quejarte. —Para nada. Yo encantada. Hay que leer. ¿No te animas a publicar esas cositas que tienes escondidas? —Me da vergüenza. Quizá no sean tan buenas como pienso. —Eso me pasaba a mí, pero mira, cuando tuve por primera vez “No llores por los hombres” en la mano casi lloro, me sentí muy realizada. Y después he recibido muy buenas críticas, aún no me acostumbro a que alguien que no conozco de nada me hable para decirme que le ha encantado tu historia, que se ha identificado con alguno de los personajes… Si no te atreves a lanzarte a publicar el libro, hazlo en un blog o alguna plataforma para escritores, pero no lo dejes, si es lo que te gusta y lo que quieres, escribe. Es el mejor consejo que puedo darte. Miró el reloj y apuró su café antes de despedirse con un abrazo y dos besos. Pensé que nos costaría más soltarnos y hablar, pero casi tienen que sacarnos de allí arrastras. Estábamos tan a gusto que nos daba pena dejarlo, pero habría otra ocasión. Muchas más ocasiones…

lunes, 11 de abril de 2016

A golpe de click


No recuerdo cuándo nos conocimos, no recuerdo cuando empezamos a interactuar ni cuándo comenzamos a seguirnos. No recuerdo cuál fue nuestro primer mensaje ni qué nos dijimos. No recuerdo cómo pasó, cómo las palabras traspasaron la pantalla y lo que sólo eran letras se convirtió en palabras, en llamadas interminables que acababan con la oreja ardiendo tanto como el teléfono, en risas acalladas para no despertar a nadie cuando hablabamos a las tantas, en miradas curiosas de quien me rodeaba... No recuerdo cómo pasó, cómo tú, tú, que sólo eras un avatar más, uno de tantos seguidores, de tantos buenos días, de tantas fotos de cafés que nunca tomaríamos... Tú te hiciste un huequito.
No recuerdo cuándo se me fue tanto la olla que decidí que ponernos cara y cuerpo y tacto sería buena idea. Que sería bonito y divertido vernos después de confesar que había algo que revoloteaba en mi estómago cada vez que el LED del teléfono anunciaba un mensaje nuevo, cada vez que tu nombre aparecía en mi pantalla... No recuerdo cuándo me subí a un tren, libr en mano y nervios por todas partes. No recuerdo cuándo me llamé de todo: idiota, loca, tonta, imbécil. ¿Quién te mandará a ti, alma de cántaro...? Cuando te tuve enfrente y se me encogió el estómago, recuerdo que me temblaron las piernas y no sabía ni cómo saludarte. Recuerdo que me pediste un beso. Recuerdo que te pedí tiempo. Recuerdo que hablamos. Que paseamos. Que nos besamos. Que nos tocamos. Que nos despedimos.
No recuerdo cuándo empecé a sentir que algo iba mal. No recuerdo cuándo mi estómago dejó de agitarse cuando el LED se encendía porque sabía que ya no eras tú, ya no serías tú. No recuerdo cuando decidí que sería buena idea buscarte. Unfollow. Block. Se acabó. Igual que empezó. A golpe de click.

viernes, 18 de marzo de 2016

Soñar contigo.




Anoche soñé contigo. Nos veíamos a lo lejos, sonreíamos mientras nos acercábamos y nos fundíamos en un abrazo reparador, de esos que curan todos los males. Charlábamos, caminábamos, tomábamos algo… Recuperábamos el tiempo perdido. Te miraba a los ojos y seguía fascinándome tu mirada, luego bajaba la vista, avergonzada, roja como un tomate, del color de las cerezas, porque siempre me dio vergüenza que me pillaras maravillada… No podía dejar de sonreír. Sentía esa paz que sólo sentía cuando estabas en mi vida y esas ganas de que el tiempo no pasara para no tener que separarnos, no tener que dejar de hablar…
Ha sonado el despertador. Notaba las mejillas tirantes de sonreír en sueños, pero se ha borrado en cuanto he abierto los ojos. No estás. Y lloro. Lloro cuando sueño contigo. Cuando admito que sólo era eso, un sueño, que fuiste, eres y serás un imposible. Y no hay más. No hay tú y yo. Debí suponerlo, ¿cómo íbamos a ser posibles? Tú tan… tú. Yo tan… nada. Pequeño e insignificante desastre encerrado en una coraza agrietada, ajada y oxidada por el salitre de las lágrimas. ¿Cómo íbamos a ser nada?
Es lo bonito de los sueños. Durante unas horas, todo es posible. Hasta volar. Hasta tú y yo…

miércoles, 16 de marzo de 2016

A la vera del mar.

Tu imagen, mis letras @DistintoYo
Me concentro en el sonido del mar, con la vista fija en el horizonte. CIerro los ojos, me regalo unos segundos de paz, sólo el ruido de las olas rompiendo en la orilla y la suave brisa. El sol acaricia mi piel, suave. Me gusta la playa en esta época del año, no hay demasiada gente, una pareja a unos cuantos metros y esa mujer que camina por la arena. La sigo con la mirada. Imagino una historia para ella. Imagino que baja cada día a pasear por esta orilla. Que deja que el sol bañe su piel y la tiña con sus rayos. Imagino que escucha música porque el sonido del mar le recuerda algo que perdió. Imagino que no puede dejar de venir ningún día porque sólo así se siente cerca de algo que ya queda demasiado lejos. Imagino y cierro los ojos. Y me dejo llevar por el sonido del mar. Y dejo que el mar se te lleve. Bien lejos.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Y si...?



Me abrazo a la almohada una noche más.  
Finjo que no sé, que no he sabido. Finjo que no me gusta estar contigo.
Puta canción, se me ha grabado en la cabeza.
Cierro los ojos y lo intento, intento no pensar, dejar la mente en blanco. Intento no llorar.
Tarde.
No puedo evitar hacer preguntas al aire, de esas que nadie va a responder porque nadie tiene la respuesta.
¿Y si no hay más primeras veces?
¿Y si no hay más primeros besos?
¿Y si estoy condenada a que todo empiece y acabe en esa puta sensación?
¿Y si... no hay más?
Me esforcé en construir una coraza a prueba de golpes, en evitar el daño y, tal vez, no me habría venido nada mal rasparme de vez en cuando las rodillas.
Me empeñé en dejarte entrar, en permitir que pasearas a tus anchas, que descubrieras cosas que mí que ni yo misma conocía y tú...
¿Y si todo acabó contigo?
¿Y si nadie vuelve a...?
¿Y si...?

viernes, 11 de marzo de 2016

A la mañana siguiente.




Abro los ojos y hago pastitas con la boca. Es involuntario. Gimoteo un poco, no me quiero levantar, siempre me parece demasiado temprano. Y remolonear me parece una idea tan apetecible si es contigo… Me giro para buscarte y noto el frío en tu lado de la cama. La casa no huele a café y tostadas ni se oye el sonido de la ducha. Sólo hay silencio y el ruido del tráfico atravesando los cristales. Miro el reloj para comprobar que no es tarde. Me cuesta salir de entre las mantas, fuera hace frío y sólo llevo una camiseta vieja que huele a ti. Busco por el piso una nota, algo, una pista de dónde estás, de por qué no estás. Pero no hay nada. Sólo silencio y frío donde anoche había caricias y risas. Las copas aún reposan sobre la encimera, a medias. No las acabamos, había cosas más interesantes que probar. Tus labios en los míos, por ejemplo. O el sabor de tu piel cuando desfilaba por ella besando, lamiendo, mordiendo… El de tu sexo en mi boca o el del mío bebido de la tuya. El aire se llenó de palabras pronunciadas a media voz, entre dientes, de jadeos y gemidos, del sonido de nuestras pieles en la oscuridad de la noche. Como si fuéramos furtivos escondiéndonos del mundo, protegidos por las sombras que dibujan las farolas al colarse por los agujeros de la persiana. Nuestros cuerpos dibujaron siluetas en las paredes, revolvieron las sábanas y deshicieron la cama. ¿Dónde estás?
Juego con el móvil entre las manos, debatiéndome entre mandarte un mensaje, tal vez llamarte, o esperar que seas tú quien lo haga, pero algo dentro me dice que no lo harás, que sólo he sido una estación de paso. Miro hacia el dormitorio, con la taza de café calentándome las manos y los pies helados por caminar descalza. Mi mente viaja unas horas al pasado y recuerda mi cabeza en tu pecho, nuestras respiraciones acompasándose. Los párpados pesan y nos quedamos dormidos. Sé que me muevo mucho. Mi madre decía que pobre del que compartiera colchón conmigo, por eso me gusta esta cama tan grande… Sé que me separo de tu cuerpo porque noto el frío de las sábanas, pero siento tu brazo bajo la almohada y tu mano buscando mi cintura para abrazarla. Escucho tu respiración y la siento en la nuca. Sé que farfullo en sueños y hago ruiditos al respirar. Mi hermana decía que parecía Darth Vader y que era imposible conciliar el sueño a mi lado, pero te siento ahí, detrás de mí, respirando. Y me dejo vencer por Morfeo. Vuelvo al presente, no recuerdo haberte escuchado marchar. Ni haber sentido un beso en mi sien antes de que salieras de mi casa.
No llega ningún mensaje. Ninguna llamada. Y me lanzo a hacerlo. Te llamo y no respondes. Te envío un wasap que no llega. Y lo intento, has cerrado otras vías de contacto. No lo entiendo. Cierro los ojos y me apoyo en la encimera. No entiendo nada. ¿Dónde quedaron los besos y las caricias? ¿Dónde están las palabras que dijimos, las promesas que hicimos? ¿Dónde estás? Mi mente divaga entre mil razones posibles, unas duelen más que otras, algunas reabren viejas heridas y despiertan inseguridades que había conseguido dormir. Seguramente abrieras los ojos y vieras la colección de estrías, le michelín sobre mi cadera y los hoyuelos que pueblan mis muslos. Y perdiera fuerza lo mucho que te gustaban mis rizos anoche, cuando enredabas tus dedos en ellos para atraerme a tu boca; o la forma en que tus dedos se clavaban en mi carne cuando me sujetabas para entrar más adentro; puede que mis labios entreabiertos al dormir no te resultaran tan sexys como anoche mientras recorrían tu abdomen y rodeaban tu polla… Por favor, que alguien calle a esa voz que me dice que, al despertar, sólo era yo y yo no soy suficiente… Por favor, dime porqué esto a la mañana siguiente…


miércoles, 9 de marzo de 2016

Ya no sé que duele más.

Tu Imagen, Mis Letras. @Imper31307
Le veo alejarse poco a poco, paso a paso. Espero que se gire y mire atrás, que se de cuenta de que me está dejando allí, en medio de la nada, como en un limbo. Espero que recapacite y vuelva, que vea lo que pierde y decida que no quiere hacerlo. Su silueta es cada vez más pequeña y más borrosa. Me prometí no llorar, pero no he podido evitarlo.
Hace unas horas me tocaba los labios extrañando sus besos y, ahora, sé que no van a volver. Ni sus caricias o esas palabras suaves. Ya no será ese "poco a poco" que nos prometimos para no forzar ni tantas otras cosas... Has decidido ponerle fin a una historia que no había terminado de arrancar, algo en lo que creía hasta con los ojos cerrados. La realidad se ha encargado de abrirme los ojos, de enseñarme a no creer en lo que no puedo ver ni tocar.
Fuiste tan intagible siempre... Tan imposible, como ese sueño que se repite y nunca llega a realizarse. Y me hiciste creer. En ti. En ese sueño. En todo lo que siempre quise creer. Me diste ilusión y, luego, te la llevaste lejos, contigo, con lo que tuvimos y lo que nunca tendremos.
Ya no puedo verte, has desaparecido en el horizone con todas esas cosas en las que ya no volveré a creer. Y no sé que duele más...

miércoles, 2 de marzo de 2016

Reflexiones de una noche de desengaño


Tú y yo no estábamos hechos para volar. Ni para amarnos. Tú y yo no podíamos sino herirnos con la misma intensidad que nos mirábamos y nos teníamos. Nos queríamos a nuestra manera. Sin dejar de hacernos daño. Sin dejar de acercarnos... Éramos dos piezas de distintos puzles que encajaban a la perfección, pero estábamos tan condenados a separarnos que el destino se hizo cargo por nosotros.

lunes, 29 de febrero de 2016

Y que no haya más mundo.


Dormirme en la curva de tu cuello. Aprenderme de memoria las constelaciones que forman tus lunares. Respirar ese olor que es sólo tuyo. Y sólo mío. Reconocer tus costillas y el roce de tu piel. Que me quemen tus besos. Que me den sed. Que me entren ganas de tenerte cuando te alejas un centímetro. Volverme adicta a tus caricias. Tener mono de tu aliento. Que me estorbe tu ropa. Que te estorbe la mía. Y que no haya más mundo que nosotros en un mar de sábanas.

viernes, 26 de febrero de 2016

Me gustas.


No me preguntes porqué, no lo sé. Sólo sé que esas dos palabras aparecieron un día ante mis ojos, como por arte de magia, como si antes no hubiera podido ver que era así, que me gustas.
No te asustes, no es una petición de matrimonio. Pero, ¿sabes? Me gustaría entrelazar nuestros dedos con disimulo, correr a escondernos a un rincón para matarnos a besos, que nos entre urgencia por volver a casa, por quedarnos solos...
Quizá sea porque me haces reír. Quizá tenga que ver que siempre tengas la palabra correcta. O que estés ahí para rescatarme cuando caigo, para creer en mí, para soportarme cuando ni yo misma me aguanto. No sé...
Tal vez sea la forma en que me miras. O la forma en que te miro. No sé, pero me gustas y no sé decirlo de otra manera. Puede que esté anticuada, que ya no se estile, pero nunca me importó no adaptarme a los nuevos tiempos, a esas modas que pretenden amar sin que lo parezca, que se esconden y se engañan diciendo que no llevan el corazón a cuestas. ¿A quién pretendo engañar si siempre he sido de las que pone el corazón en cada paso? Y contigo no iba a ser menos. Y ese pequeño músculo tonto, ese que tu dices que es muy grande, dice que le gustas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Hay quien lo llama huir.

Tu imagen, mis letras @JuliQuimi 
Adiós. Lo siento. No debería, lo sé. Debería pelear un poco más, aguantar un poco más, esperar que pase, que deje de doler, pero no puedo, ya no. Estoy demasiado cansada para seguir, siento que las fuerzas me faltan y que mi mejor opción es alejarme, poner tierra de por medio. Hay quien lo llama huir. Yo lo llamo ponerme a salvo.
Quizá, lejos, pueda evitar seguir mirando, pueda aprender a apartar la vista. Puede que te duela, sinceramente, lo dudo. Por dudar, dudo hasta de que te des cuenta de que me he ido, de que me he alejado de ti.
Mientras escribo esto pienso en que, seguramente, no te des por aludido, es más, seguramente, ni llegues a leerlo.
Me duele, es así, no puedo negarlo, pero tampoco puedo hacerte responsable de ello. No, aquí la única culpable de abrir la coraza y dejarte entrar y trastear con todo soy yo. Para ti sólo era un juego que yo me tome en serio, tampoco puedo culparte de que no supieras que yo estaba poniendo el corazón sobre la mesa y llevaba mala mano...
Tranquilo, ya he hecho las maletas, ya no molestaré más. Dejarás de saber de mí y, cuando quieras darte cuenta, habré desaparecido, habré ido lejos, donde me lleve este tren. Le he dejado mi aroma al viento, por si quisieras buscarme...

lunes, 22 de febrero de 2016

Hazlo durar

Tu imagen, mis letras @mamenflow
Una última copa de vino. Un baño caliente, con espuma. Suena música, no recuerdo quien es. Una voz femenina, suave, canta al ritmo de una melodía de piano. Abrázame fuerte mientras nos besamos... Hazlo durar.
Me sumerjo en el agua, con los ojos cerrados. Hazlo durar...
La sensación de calidez al dormir entre tus brazos. Hazlo durar...
Sentirme pequeña y grande a la vez. Sentir que todos mis miedos desaparecen cuando nos besamos y tus pestañas rozan mis mejillas. Hazlo durar...
El estallido de mil fuegos artificiales cuando tus manos recorren mi cuerpo y tu respiración encuentra refugio en la curva de mi cuello. Tú y yo unidos, fundidos, piel con piel, sin espacio para el aire. Hazlo durar...
La paz de acurrucarme en tu pecho y escuchar en silencio tus latidos. Hazlo durar...
La promesa de un para siempre, el brillo en los ojos, la ilusión de una vida a tu lado. Hazlo durar...
Los añicos de un sueño que se rompe, como miles de cristales estallando a la vez. La onda expansiva de cuatro palabras y un lo siento. Las heridas abriéndose profundas, rasgando la piel, sangrando. El corazón agonizando y una última respiración.
La canción ha terminado.
El agua se ha enfriado.
Y yo no supe hacerlo durar...

miércoles, 17 de febrero de 2016

Querido Cupido

Tu imagen, mis letras @IsikiYeah

En estas fechas tan señaladas, voy a pedirte un favor, uno fácil y pequeñito: la próxima flecha para mí, te la guardas. Mira que tienes mala pntería. Quizá seas más miope que yo y te equivoques al elegirla. Yo creo que siempre me lanzas la flecha que va dirigida a otra persona. O, tal vez, te falta intuición. Será cosa de la edad, demasiados años siendo niño y creyendo en ese amor de cuento de hadas que, permite que te diga, sólo existe en los libros.
Que sí, que no sólo es cosa tuya, lo sé. Que tú tiras la flecha y escondes la mano y me dejas el corazón lleno de pinchazos y recuerdos de historias pasajeras, infectado de aquellas que ni siquiera comenzaron. Y me pides que siga creyende en el amor, en las flores y los corazones cuando yo me conformaría con unas tiritas y unos puntos de aproximación para cerrarme las heridas. Así que hazme ese favor, no lances esa flecha. Ya me ocuparé yo de buscar a quien acusar cuando el amor triunfe.

lunes, 15 de febrero de 2016

Quiza sea yo...



Cogí la taza de café entre las manos para calmar un frío que no sabía bien de dónde venía. Llevaba tiempo dando vueltas a aquella idea en mi cabeza. Un pensamiento que escocía y hacía daño, como si alguien te arañase las entrañas o apretara tu cuello hasta dejarte sin respiración.
Sólo era una idea que había ido creciendo y haciéndose fuerte, una pregunta que no dejaba de repetirse y que siempre respondía de la misma forma. Un "¿por qué te vas?" que me respondía sola. Y, después, un "¿qué hice mal?" y el sentimiento de culpa. Quizá no fui lo que esperabas, quizá no fui quien querías que fuera, no sé, no lo entiendo. Las cosas cambiaron de la noche a la mañana y quisiera creer que no fue por mi causa, aunque esa jodida voz en mi cabeza no deja de repetirme que algo malo tiene que haber en mí, algo que no encaja, algo que no sirve... Quizá sea yo en todo mi conjunto.
Di un trago al café amargo y suspiré. Quizá esa voz tenga razón. Ojalá se callara...

viernes, 12 de febrero de 2016

Ya no me dueles...

Tu Imagen, Mis Letras. @lady_gilda
No siento nada. Nada. No tengo mariposas en el estómago ni se me encoge el corazón cuando le pienso. Soy dura. Soy fuerte. No me afecta. Juro que la piel no me escuece cuando les veo juntos, que mis lágrimas no brotan por no ser yo la que camina de su mano, la que besa sus labios, la que comparte sus buenos días y sus buenas noches...
No, no me duele el alma cuando pienso que sus manos ya no me tocan. Y, si imagino su cuerpo pegado al mío, no me recorre la electricidad. Prometo que esta coraza es infranqueable, que nunca se coló hasta lo más hondo de mi ser. Que estos labios rojos no tienen nada que ver con que me sienta pequeña e insignificante. Que el humo de este cigarro no se lleva la amargura que me llena los pulmones. Prometo que ya no busco en otras camas lo que un día dejé en la suya.
Prometo que no estoy mintiendo.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Marañas

Tu imagen, mis letras. @Imposibleolvido
Hecha un ovillito en la cama estoy más guapa. Aquí, arrebujada entre unas sábanas que no puedo dejar de sentir frías. Todo bulle. Todo truena. En mi cabeza la tormenta no cesa.Ya no sé qué pensar. Ojalá hubiera una forma de hacer que el corazón dejara de sentir como siente. Ojalá mis ojos no te vieran como te ven. Todo sería más sencillo y esta maraña de emociones de desharía por sí sola. Podría, no sé, aprender a no ilusionarme, aprender a no sonréir cuando apareces de repente e iluminas mi vida, como esa calma en el ojo del huracán. Tú lo haces todo más fácil y, a la vez, más difícil. No lo entiendo. Quisiera poder ver las razones que me llevaron a quererte antes de conocerte, poder entender cómo eres capaz de deshacer el hielo de mi corazón mientras tu ausencia congela mis sábanas, poder tenerte aquí, conmigo, hecho un ovillito a mi lado en la cama. Sin tanta tormenta. Sin tanta maraña.

lunes, 8 de febrero de 2016

Tenemos que hablar...


- Tenemos que hablar.
Tres palabras eran el detonante. Después llegaban los gritos, los reproches, los "y tú más" y los "ya no me quieres". Los "no digas eso" y una caricia para retirar mis mechones desordenados de la cara. Y tus labios cerca de mi frente y ese respirar sólo tu aliento. El olvidarnos de la discusión porque nuestros cuerpos se han juntado y son como fuego y gasolina, le shace falta muy poco para arder.
En unos segundos somos todo lenguas y saliva. Manos y ropa que sale volando a zarpazos. Gritos convertidos en susurros. Susurros convertidos en jadeos. Tu cuerpo entre mis piernas. Tú enterrado en mí y tus quejidos acompañando cada embestida. Una mirada cómplice que dice más que todos los gritos. No sabemos querernos de otra manera y sabemos que no es sano, pero se nos olvida cuando nuestros cuerpos chucan y nuestras lenguas se enredan. Cuando nuestras manos nos estudian al milímetro. Cuando respiro de tus jadeos y tú gimes mi nombre. Cuando nuestras espaldas se arquean y la electricidad nos recorre. Cuando el orgasmo nos lleva a lugares desconocidos y somos sólo cuerpos, carne, sudor y sexo.

viernes, 5 de febrero de 2016

Ella y Él


Aquella noche se puso su vestido favorito y sus tacones nuevos. Se había pasado horas frente al espejo maquillándose y peinándose hasta darse el visto bueno. Se veía bien, guapa y, tras recibir una mirada de aprobación de su reflejo, cogió su bolso y se dirigió al bar donde había quedado con sus amigas. Las localizó pronto, no era difícil, siempre solían ponerse en la misma zona. Cerca de ellas, en la barra, había un grupo de chicos. Les había visto al entrar y sus ojos se habían fijado en uno de ellos. No era especialmente guapo, no sabía qué era exactamente, pero no podía dejar de mirarle.

Le habían arrastrado a aquel bar. No siquiera tenía ganas de salir, hubiera preferido quedarse en casa viendo la tele o alguna pelñicula, pero allí estaba, sentado en la barra, bebiendo y riendo. La vio entrar, como un maldito huracán, como esas escenas en que el tiempo se para, todo oscurece y un foco la alumbra sólo a ella. Estaba seguro de haberla visto antes, no lograba ubicarla, pero daba igual, no podía dejar de mirarla. Tenía esa clase de belleza que no todos saben ver, unas curvas generoas, una mirada limpia y penetrante...

Se acercó a la barra a pedir y la pilló mirándole. Ambos se cazaron. Bajó la vista, avergonzada y oyó cómo los chicos reían. Bufó y se recompuso, sonrió muy educada a la camarera y pidió una copa.

- Hola - dijo una voz a su lado.

Le temblaban hasta las pestañas. ¿Cómo le habían convencido para acercarse? Ella le lanzó una mirada asesina y él tragó saliva y volvió a intentarlo.

- No quiero molestar, pero te he visto entrar y...
- ¿Y? Te has dicho "vamos a burlarnos de ella", ¿no? ¿Qué habéis apostado? ¿Una copa, una ronda? Bah.
- Yo... Lo siento.

Volvió con sus amigos, con la abeza gacha y un nudo en la garganta. Sacudió la cabeza y recibió un par de palmadas en la espalda y alguna palabra de ánimo.

Ella se maldijo mentalmente, se repitió que era mejor así para convencerse mientras su cabeza desarrollaba un escenario idílico en que no le había apartado. Volvió con sus amigas, que le reprocharon que hubiera sido tan borde y no le diera una mínima oportunidad al chico. La tacharon de diva. De pronto ya no le apetecía la copa ni estar allí. Ya no se veía guapa y sólo quería volver a casa. Le pasó la copa a una de ellas y se despidió sin besos. Se limitó a ponerse el pijama, acurrucarse bajo las mantas y llorar hasta que el sueño la venció y dejó paso a unos sueños donde el lastre a sus espaldas no condicionaba su vida...

miércoles, 3 de febrero de 2016

Detesto.

Detesto que la sábana esté mal colocada.
Detesto darme la vuelta en la cama y que esté fría.
Detesto despertarme antes de que suene el despertador.
Detesto sentir cómo se me duerme el brazo que tengo bajo la almohada.
Detesto que se salte la calefacción y notar el frío en la nariz.
Detesto que las musas me ataquen cuando me echo a dormir.
Detesto soñar contigo y que no estés cuando despierto. Y que no estés nunca.
Detesto abrir los ojos en mitad de la noche porque un nudo en el estómago no me deja respirar.
Detesto pensar en ti.
Detesto que no me calmes en mis desvelos.
Detesto que me miren raro por cenar sola en un restaurante.
Detesto que se enfríe el café mientras escribo y esta taza lleva horas congelada...

lunes, 1 de febrero de 2016

Desvelos



Otra vez el desvelo de las 6:30. La calefacción se salta y hace frío. Y no estás para calentarme. Ya nada me da calor. Nadie me da calor... No sé si es el frío o las musas. O quizá seas tú, que te has hecho un fuerte en mi cabeza y no logro sacarte de ahí, mantenerte encerrado durante el tiempo suficiente para que la herida cicatrice, para que el dolor cese. Siempre te escapas, te das un paseo por mi recuerdo lo desbaratas todo, lo rompes, lo destrozas, haces más ruinas de las ruinas y te juro que hay días que creo que me romperé en tantos pedazos que nada ni nadie logrará recomponerme jamás...
Abro los ojos con la vaga esperanza de encontrarte durmiendo a mi lado y los cierro de nuevo. Aquí sólo hay oscuridad y frío.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...