Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de junio de 2016

Descansa en paz #39

Me siento ante esta maldita hoja en blanco con el corazón encogido, los ojos inundados y las manos temblando. Me siento pensando que la vida es muy puta por dejar que te vayas, que la muerte debía tener prisa por verte trazando curvas por sus lares. Pensando que ahora estarás allí, con ellos, en un circuito perfecto en las nubes, corriendo junto a aquellos a los que el amor por las motos se llevó, como a ti. Pensando que te fuiste haciendo lo que más querías, siguiendo tu sueño, tu pasión. Pensando que era demasiado pronto. Demasiado pronto. Tenías demasiado por delante. Demasiada carrera. Demasiada VIDA. Y sé que esto es así, que todos moriremos algún día, pero no es justo, joder, no es justo. Veinticuatro años no son suficientes...
Ojalá despertar y que tu marcha sólo sea una jodida pesadilla.

viernes, 1 de abril de 2016

Sueños


Abrí los ojos y la vi ahí, de pie, junto a mi cama. Tebía en sus manos un bote de cristal con miles, millones, de lucecitas que brillaban. Algunas con más intensidad que otras, pero todas encendidas. De todos los colores. Revoloteaban por el tarro, chocándose con las paredes de cristal, cayendo al fondo y levantándose, aturdidas. Las miré fijamente, las conocía a todas. Y luego la miré a ella, seria, impertérrita, mirándome de esa forma en que sólo ella me mira. Me encogí en las mantas, segura de lo que iba a hacer, no quería verlo, no podía verlo.
- ¿Ves esto? - murmuró, enseñándome el bote. Y yo asentí, intentando no temblar. No había salvatoria para todas aquellas lucecitas. - Mira lo que hago con ellos.
El tarro se hizo mil añicos contra el suelo, las lucecitas trataban de volar, escapar de su destino, huir del pie que las aplastaba sin que nadie pudiera hacer nadie por evitarlo. Su brillo se apagaba, su voz se reducía a grititos de angustia...
- No, por favor... - sollozaba, tratando de salvar aunque fuera unas pocas, pero ya era tarde. Mis sueños yacían inertes junto a la cama, aplastados, apagados.
Abrí los ojos al sentir una lágrima correr por mi mejilla. Sobre la mesita de noche, un bote de cristal con miles, millones, de lucecitas que brillaban. Algunas con más intensidad que otras, pero todas encendidas. De todos los colores. Revoloteaban por el tarro, chocándose con las paredes de cristal, cayendo al fondo y levantándose, aturdidas. Las miré fijamente, las conocía a todas. Allí estaban, intactas, brillantes, tan vivas como siempre. Sólo había sido un mal sueño.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Y si...?



Me abrazo a la almohada una noche más.  
Finjo que no sé, que no he sabido. Finjo que no me gusta estar contigo.
Puta canción, se me ha grabado en la cabeza.
Cierro los ojos y lo intento, intento no pensar, dejar la mente en blanco. Intento no llorar.
Tarde.
No puedo evitar hacer preguntas al aire, de esas que nadie va a responder porque nadie tiene la respuesta.
¿Y si no hay más primeras veces?
¿Y si no hay más primeros besos?
¿Y si estoy condenada a que todo empiece y acabe en esa puta sensación?
¿Y si... no hay más?
Me esforcé en construir una coraza a prueba de golpes, en evitar el daño y, tal vez, no me habría venido nada mal rasparme de vez en cuando las rodillas.
Me empeñé en dejarte entrar, en permitir que pasearas a tus anchas, que descubrieras cosas que mí que ni yo misma conocía y tú...
¿Y si todo acabó contigo?
¿Y si nadie vuelve a...?
¿Y si...?

lunes, 15 de febrero de 2016

Quiza sea yo...



Cogí la taza de café entre las manos para calmar un frío que no sabía bien de dónde venía. Llevaba tiempo dando vueltas a aquella idea en mi cabeza. Un pensamiento que escocía y hacía daño, como si alguien te arañase las entrañas o apretara tu cuello hasta dejarte sin respiración.
Sólo era una idea que había ido creciendo y haciéndose fuerte, una pregunta que no dejaba de repetirse y que siempre respondía de la misma forma. Un "¿por qué te vas?" que me respondía sola. Y, después, un "¿qué hice mal?" y el sentimiento de culpa. Quizá no fui lo que esperabas, quizá no fui quien querías que fuera, no sé, no lo entiendo. Las cosas cambiaron de la noche a la mañana y quisiera creer que no fue por mi causa, aunque esa jodida voz en mi cabeza no deja de repetirme que algo malo tiene que haber en mí, algo que no encaja, algo que no sirve... Quizá sea yo en todo mi conjunto.
Di un trago al café amargo y suspiré. Quizá esa voz tenga razón. Ojalá se callara...

miércoles, 3 de febrero de 2016

Detesto.

Detesto que la sábana esté mal colocada.
Detesto darme la vuelta en la cama y que esté fría.
Detesto despertarme antes de que suene el despertador.
Detesto sentir cómo se me duerme el brazo que tengo bajo la almohada.
Detesto que se salte la calefacción y notar el frío en la nariz.
Detesto que las musas me ataquen cuando me echo a dormir.
Detesto soñar contigo y que no estés cuando despierto. Y que no estés nunca.
Detesto abrir los ojos en mitad de la noche porque un nudo en el estómago no me deja respirar.
Detesto pensar en ti.
Detesto que no me calmes en mis desvelos.
Detesto que me miren raro por cenar sola en un restaurante.
Detesto que se enfríe el café mientras escribo y esta taza lleva horas congelada...

viernes, 22 de enero de 2016

De monstruos y otros miedos.




A veces tenemos cosas tan arraigadas, tan dentro, que cuesta un mundo sacarlas, cambiarlas...
Para alguien que no sabe que esas cosas condicionan tu forma de ser y actuar, puede ser complicado entender porqué actúas de esa forma.
Te acostumbras a que la gente se porte contigo de una manera y crees que todos van a hacerlo igual.
Desconfías de quien te trata bien porque crees que tiene algún interés o segundas intenciones, que solo será otro que quiere reírse de ti.
Alejas a la gente que te quiere y te trata bien porque crees que acabarán haciéndote daño. En el fondo sabes que no es así, no en tu cabeza.
Te encierras en una coraza. Nadie entra, nada sale. No te abres, tienes miedo de hacerlo y darles la oportunidad de destruirte. Miedo. Domina tu vida en todos los ámbitos. Miedo de ser tú mismo. Miedo al rechazo, al que dirán, a que se rían, que te hagan daño. Miedo de ser un estorbo, de molestar, de que te traten bien por compasión, por quedar bien, por compromiso. Miedo de ser una puta obra de caridad, la buena acción del año. Miedo de dejar ver lo que hay dentro de ti para que no puedan jugar con ello ni utilizarlo para herirte.
Porque en tu cabeza no vales nada. No sirves para nada. Llevas tanto tiempo creyéndolo que se convierte en tu única realidad. No le importas a nadie, no le interesas a nadie. En ningún sentido. Da igual cuántas veces te digan que no es verdad, cuantas veces te lo demuestren. No puedes creerlo ni verlo. No dejas que nadie te vea de verdad. Llevas una máscara día y noche. Te escondes del mundo en tu rincón, allí nada te hiere.
Esperas siempre el siguiente golpe. Esperas que no duela demasiado. Esperas que sea diferente. Esperas, pero sabes que no será así.
No buscas aprobación, sólo que te dejen pasar, que te ignoren, ser un fantasma, invisible. Intentas no destacar, pasar desapercibido. No crees que nadie pueda fijarse en ti. ¿Cómo van a hacerlo? Nadie vendrá a salvarte y tu solo no puedes. Todas esas cosas te arrastran, te arrasan, de nuevo al fondo, roto, herido, destrozado.
Sigues en tu rincón seguro y, de vez en cuando, lloras. Más a menudo de lo que te gustaría. Tratas de sacar todo lo que llevas dentro. Y, a veces, crees que lo has conseguido. Pero vuelve el miedo, la inseguridad y eso que creías que ya no estaba ahora es más fuerte. Y aprovechas, escondido detrás de un avatar, a desnudarte cuando nadie te lee. Y esperas, esperas que no se vuelva en tu contra.

Escucha.


Siéntate, tranquila. Cierra los ojos y respira despacio. Este es un viaje extraño. Un viaje sin destino ni duración determinada. Un viaje sin moverte del sitio. No hables, no digas nada, sé que suena raro, pero pronto lo entenderás todo.
Deja la mente en blanco, te prometo que no será fácil y, aviso, puede doler. Busca esa vocecita que hace eco dentro de ti. ¿La oyes? Escúchala, es muy sabia. Va a decirte cosas que no te gustarán, ella no es de regalar los oídos ni decirte lo que quieres oír. No, ella no se anda con chiquitas ni remilgos. Ella es sincera, como deberías ser tú contigo misma.
No pidas ayuda, esto tienes que hacerlo sola. La bofetada de realidad duele, pero aprende de ella, te hará mejor. Haz caso a esa vocecita, la muy jodida suele tener razón, aunque, a veces, sus formas de llamar la atención y hablar no son las más adecuadas, pero qué le vamos a hacer...
Tú atiende, escucha, respira y aprende. No hay forma de suavizar el golpe, pero, creeme, esto evitará golpes más fuertes. Ella te guiará, te ayudará, es ese punto luminoso en medio de la oscuridad, la calma cuando acaba la tempestad. O, quizá sea más correcto decir que ella es la tempestad que precede a la calma, esa que llega después de vislumbrar el camino, cuando ya sabes dónde quieres llegar. Puede que no sepas cómo, puede que el camino sea arduo, que tropieces, que caigas, que te pierdas, pero ahora ya sabes cómo encontrarlo de nuevo. Sólo siéntate, cierra los ojos, respira y escucha.

lunes, 18 de enero de 2016

Poesía.


Siempre fui de poesía. Desde ese libro de Gloria Fuertes que cogí prestado de la biblioteca del colegio, desde esos poemas marcados en "De todo corazón".
Desde esa rima infantil, fácil, hasta esa métrica compleja de los clásicos.
Siempre fui de esa poesía que nunca supe escribir, de esas métricas, esas clases, esas ¿cómo se llamaba? ¡Bah! Da igual.
Siempre fui de poesía, de esa que sale del alma y no atiende a normas de escritura.
De esa que no sólo se lee, se siente, quizá porque se lea más con el corazón que con la cabeza.
Quizá por eso, siempre fui de poesía.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Sigue leyendo


Si quieres que me desnude, sigue leyendo. Aquí no encontrarás kilómetros de piel expuesta, no verás unas curvas donde perderte o un cuerpo en el que hundirte. Aquí encontrarás un alma que grita, unos ojos que hablan, unas letras que calan. Lo que hay aquí dentro es una coraza abollada de tantos golpes, deslucida por lo salado de unas lágrimas que brotan, a menudo, con demasiada facilidad. Una coraza que esconde mucho, pero, si te fijas bien, deja ver más de lo que crees. Una coraza que encierra mucho miedo y muchas inseguridades, muchas tormentas sin amainar. También encontrarás un corazón que late, a veces frenético, otras, agónico; unos pulmones a los que, a menudo, les cuesta llenarse de aire; un estómago que se encoge ante un abrazo, repleto de mariposas que aletean con fuerza y lo revolucionan todo y se equivocan casi siempre; una cabeza que piensa demasiado, que razona lo irrazonable, que se desoye cuando le viene en gana y le cede las riendas al corazón para que actúe a sus anchas, ya le dirá eso de "te lo dije" cuando venga retorciéndose de dolor.
Sigue leyendo. Aquí leerás palabras que sangran, de esas que sólo se escriben cuando uno se abre en canal, de par en par, dejando todo al aire. Hay palabras bonitas, tristes; palabras que excitan, que incitan; palabras que pretenden hacerte sentir, recordar o, tal vez, olvidar. Aqui me encontrarás a mí, desnuda, porque no hay mayor desnudez que poner el alma en cada letra, escribir a corazón abierto, desangrarse en palabras...
Pasen y lean.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Resetear(me)


Necesito encontrar ese botón que lo apaga todo. Necesito fluir, dejarme llevar, que sea la inercia quien me mueva. No pensar. No sentir. Sólo un rato, algo momentaneo. Resetear cabeza y corazón para poder seguir. Soltar lastre. Olvidarme de todo. Descansar. Sonreír. Despreocuparme. RESPIRAR... Y volver a sentir.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...