Mostrando entradas con la etiqueta Soñar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soñar. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de junio de 2016

No de cualquiera

Cierro los ojos, me pesan. No quiero dormir. No puedo dormir. Me falta algo a lo que aferrarme cuando asalten las pesadillas. Una voz que susurre que ya pasó, que todo irá bien. Unos brazos que me sostengan y mezan mi cuerpo hasta arrastrarme a la tierra de Oniria. Unos dedos que acaricien mi espalda y calmen los miedos. Y, lamento decirte, ya no me valen de cualquiera.

viernes, 18 de marzo de 2016

Soñar contigo.




Anoche soñé contigo. Nos veíamos a lo lejos, sonreíamos mientras nos acercábamos y nos fundíamos en un abrazo reparador, de esos que curan todos los males. Charlábamos, caminábamos, tomábamos algo… Recuperábamos el tiempo perdido. Te miraba a los ojos y seguía fascinándome tu mirada, luego bajaba la vista, avergonzada, roja como un tomate, del color de las cerezas, porque siempre me dio vergüenza que me pillaras maravillada… No podía dejar de sonreír. Sentía esa paz que sólo sentía cuando estabas en mi vida y esas ganas de que el tiempo no pasara para no tener que separarnos, no tener que dejar de hablar…
Ha sonado el despertador. Notaba las mejillas tirantes de sonreír en sueños, pero se ha borrado en cuanto he abierto los ojos. No estás. Y lloro. Lloro cuando sueño contigo. Cuando admito que sólo era eso, un sueño, que fuiste, eres y serás un imposible. Y no hay más. No hay tú y yo. Debí suponerlo, ¿cómo íbamos a ser posibles? Tú tan… tú. Yo tan… nada. Pequeño e insignificante desastre encerrado en una coraza agrietada, ajada y oxidada por el salitre de las lágrimas. ¿Cómo íbamos a ser nada?
Es lo bonito de los sueños. Durante unas horas, todo es posible. Hasta volar. Hasta tú y yo…

miércoles, 3 de febrero de 2016

Detesto.

Detesto que la sábana esté mal colocada.
Detesto darme la vuelta en la cama y que esté fría.
Detesto despertarme antes de que suene el despertador.
Detesto sentir cómo se me duerme el brazo que tengo bajo la almohada.
Detesto que se salte la calefacción y notar el frío en la nariz.
Detesto que las musas me ataquen cuando me echo a dormir.
Detesto soñar contigo y que no estés cuando despierto. Y que no estés nunca.
Detesto abrir los ojos en mitad de la noche porque un nudo en el estómago no me deja respirar.
Detesto pensar en ti.
Detesto que no me calmes en mis desvelos.
Detesto que me miren raro por cenar sola en un restaurante.
Detesto que se enfríe el café mientras escribo y esta taza lleva horas congelada...

viernes, 18 de diciembre de 2015

Oniria e Insomnia


He cerrado los ojos otra vez, intentando dormir. Y ya no sé si es la película que he visto antes de dormir o es que has cuelto a pasearte por mi mente sin permiso. O quizá, sólo quizá, es que ya no sé soñar si no es contigo y no hay quien coja el sueño cuando la cabeza y el corazón entran en el campo de batalla. Porque ella no quiere verte y él no quiere dejar de sentirte y, así, así no hay quien duerma.
Veo pasar las horas observando la oscuridad de mi habitación, esperando que el techo se me caiga encima en cualquier momento. Ya no puedo dormir, no quiero soñar. Son sólo recuerdos que se pasean, se solapan con imágenes de algo que nunca sucedió. Quizá un deseo, quizá un futuro que no llegó a ser, quien sabe. Sólo sé que te veo, nos veo, cada vez que cierro los ojos y duele. Es como si mis sueñpos fueran puñales que reabren heridas que aún no han cicatrizado del todo. O quizá sea mi memoria selectiva, empeñada en hacerme un daño que, algún día no podré sopoprtar.
Me rodea un vacío imenso, sumida en un cansancio que me arrastra a los brazos de Oniria mientras Insomnia se hace la fuerte y reclama su derecho a n dejarme dormir. Cierro los ojos otra vez y una sacudida me lanza al abismo de los sueños, donde ya no hay vuelta atrás. Sé que despertaré en algún momento de la noche, con el corazón encogido y el pecho convulsionando, con las lágrimas brotando y la garganta seca. Me abrazaré, hecha un ovillo, e intentaré minimizar el daño. De eso se trata, de levantarse y hacer como que nada ha pasado, como que tú no has pasado, como cada noche, sin permiso, por mis sueños.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...