viernes, 1 de abril de 2016

Sueños


Abrí los ojos y la vi ahí, de pie, junto a mi cama. Tebía en sus manos un bote de cristal con miles, millones, de lucecitas que brillaban. Algunas con más intensidad que otras, pero todas encendidas. De todos los colores. Revoloteaban por el tarro, chocándose con las paredes de cristal, cayendo al fondo y levantándose, aturdidas. Las miré fijamente, las conocía a todas. Y luego la miré a ella, seria, impertérrita, mirándome de esa forma en que sólo ella me mira. Me encogí en las mantas, segura de lo que iba a hacer, no quería verlo, no podía verlo.
- ¿Ves esto? - murmuró, enseñándome el bote. Y yo asentí, intentando no temblar. No había salvatoria para todas aquellas lucecitas. - Mira lo que hago con ellos.
El tarro se hizo mil añicos contra el suelo, las lucecitas trataban de volar, escapar de su destino, huir del pie que las aplastaba sin que nadie pudiera hacer nadie por evitarlo. Su brillo se apagaba, su voz se reducía a grititos de angustia...
- No, por favor... - sollozaba, tratando de salvar aunque fuera unas pocas, pero ya era tarde. Mis sueños yacían inertes junto a la cama, aplastados, apagados.
Abrí los ojos al sentir una lágrima correr por mi mejilla. Sobre la mesita de noche, un bote de cristal con miles, millones, de lucecitas que brillaban. Algunas con más intensidad que otras, pero todas encendidas. De todos los colores. Revoloteaban por el tarro, chocándose con las paredes de cristal, cayendo al fondo y levantándose, aturdidas. Las miré fijamente, las conocía a todas. Allí estaban, intactas, brillantes, tan vivas como siempre. Sólo había sido un mal sueño.

lunes, 21 de marzo de 2016

Ya no se escriben cartas de amor.


Me siento en mi escritorio y escojo mi bolígrafo favorito, ese que sólo utilizo para los textos especiales. Preparo un taco de folios en blanco y esa guía que llevo utiliando desde que iba a la universidad y me servía para no torcerme cuando pasaba los apuntes a limpio. Respiro hondo, doy un sorbo al té humeante y dejo fluir las palabras. Pienso en ti. En la forma en que me das los buenos días,acabando siempre con ese icono que lanza un beso con corazón. En la forma en que me haces sonreír con una simple palabra. Pienso en cómo me miras, en cómo me rozas casualmente, como sin querer. Pienso en lo bonito que es sentir las mariposas revoloteando por todo el cuerpo porque el estómago se les ha quedado pequeño. Pienso en lo extraños que son los días que no te veo, en lo que te echo de menos a pesar de pasarnos horas hablando.
El bolígrafo camina solo, no pienso en lo que escribo, sólo lo hago. La tinta azul dibuja trazos precisos, letras pequeñas y redondeadas que no son sino una colección de eufemismos para decirte que no hay día que mi corazón no se salte un latido cada vez que me diriges la palabra; que mi respiración se acelera cuando te tengo cerca y hasta el estómago se me encoge cuando me abrazas. Doy mil rodeos para no decirte directamente que siento tantas cosas que no sé ponerles nombre y que me muero de miedo sólo de pensar que puedas darte cuenta de ello antes de que pueda ponerlas en orden. Porque no puedo, no sé decirlo, no sé si quiero. Y tengo miedo. Y llámame cobarde, pero ya malgasté muchos "te quiero" y este es tan grande que temo soltarlo a destiempo.
Creo que desvarío, le he dado tantas vueltas al tema para no enfrentarlo que he caído en una espiral de palabras que dicen todo y no dicen nada. Espero que lo entiendas. No es fácil ponerle letras a algo tan grande que no tiene definición. Deberían inventarle un nombre a todo esto, algo nunca dicho, nunca escrito. Deberían para que pudiera decírtelo. Para que pudieras entenderlo. Y sigo escribiendo. Y creo que ya te lo he dicho todo. Y creo que me falta mucho por decir.
Doblo la hoja en cuatro partes y la meto en un sobre que lleva tu nombre y el mío. Lo cierro con cuidado y lo sostengo entre las manos. Ahí dentro van más que palabras. Siento que pesa mucho, demasiado para ponerle un sello y echarlo a un buzón. Respiro hondo, del té ya no sale humo, sólo es un líquido frío y ambarino que no me aclara las ideas.
- Hola. ¿Qué tal?
Te dejo el mensaje en el wassap. El sobre me mira desde el cajón donde lo he lanzado.. Doble check azul. Cierro el cajón, el sobre se queja.
- Bien. ¿Y tú?
Y volvemos a la rutina de escribirnos cada día con letras sin forma, letras sin alma. Porque ya... Ya no se escriben cartas de amor.

viernes, 18 de marzo de 2016

Soñar contigo.




Anoche soñé contigo. Nos veíamos a lo lejos, sonreíamos mientras nos acercábamos y nos fundíamos en un abrazo reparador, de esos que curan todos los males. Charlábamos, caminábamos, tomábamos algo… Recuperábamos el tiempo perdido. Te miraba a los ojos y seguía fascinándome tu mirada, luego bajaba la vista, avergonzada, roja como un tomate, del color de las cerezas, porque siempre me dio vergüenza que me pillaras maravillada… No podía dejar de sonreír. Sentía esa paz que sólo sentía cuando estabas en mi vida y esas ganas de que el tiempo no pasara para no tener que separarnos, no tener que dejar de hablar…
Ha sonado el despertador. Notaba las mejillas tirantes de sonreír en sueños, pero se ha borrado en cuanto he abierto los ojos. No estás. Y lloro. Lloro cuando sueño contigo. Cuando admito que sólo era eso, un sueño, que fuiste, eres y serás un imposible. Y no hay más. No hay tú y yo. Debí suponerlo, ¿cómo íbamos a ser posibles? Tú tan… tú. Yo tan… nada. Pequeño e insignificante desastre encerrado en una coraza agrietada, ajada y oxidada por el salitre de las lágrimas. ¿Cómo íbamos a ser nada?
Es lo bonito de los sueños. Durante unas horas, todo es posible. Hasta volar. Hasta tú y yo…

miércoles, 16 de marzo de 2016

A la vera del mar.

Tu imagen, mis letras @DistintoYo
Me concentro en el sonido del mar, con la vista fija en el horizonte. CIerro los ojos, me regalo unos segundos de paz, sólo el ruido de las olas rompiendo en la orilla y la suave brisa. El sol acaricia mi piel, suave. Me gusta la playa en esta época del año, no hay demasiada gente, una pareja a unos cuantos metros y esa mujer que camina por la arena. La sigo con la mirada. Imagino una historia para ella. Imagino que baja cada día a pasear por esta orilla. Que deja que el sol bañe su piel y la tiña con sus rayos. Imagino que escucha música porque el sonido del mar le recuerda algo que perdió. Imagino que no puede dejar de venir ningún día porque sólo así se siente cerca de algo que ya queda demasiado lejos. Imagino y cierro los ojos. Y me dejo llevar por el sonido del mar. Y dejo que el mar se te lleve. Bien lejos.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...