lunes, 8 de febrero de 2016

Tenemos que hablar...


- Tenemos que hablar.
Tres palabras eran el detonante. Después llegaban los gritos, los reproches, los "y tú más" y los "ya no me quieres". Los "no digas eso" y una caricia para retirar mis mechones desordenados de la cara. Y tus labios cerca de mi frente y ese respirar sólo tu aliento. El olvidarnos de la discusión porque nuestros cuerpos se han juntado y son como fuego y gasolina, le shace falta muy poco para arder.
En unos segundos somos todo lenguas y saliva. Manos y ropa que sale volando a zarpazos. Gritos convertidos en susurros. Susurros convertidos en jadeos. Tu cuerpo entre mis piernas. Tú enterrado en mí y tus quejidos acompañando cada embestida. Una mirada cómplice que dice más que todos los gritos. No sabemos querernos de otra manera y sabemos que no es sano, pero se nos olvida cuando nuestros cuerpos chucan y nuestras lenguas se enredan. Cuando nuestras manos nos estudian al milímetro. Cuando respiro de tus jadeos y tú gimes mi nombre. Cuando nuestras espaldas se arquean y la electricidad nos recorre. Cuando el orgasmo nos lleva a lugares desconocidos y somos sólo cuerpos, carne, sudor y sexo.

viernes, 5 de febrero de 2016

Ella y Él


Aquella noche se puso su vestido favorito y sus tacones nuevos. Se había pasado horas frente al espejo maquillándose y peinándose hasta darse el visto bueno. Se veía bien, guapa y, tras recibir una mirada de aprobación de su reflejo, cogió su bolso y se dirigió al bar donde había quedado con sus amigas. Las localizó pronto, no era difícil, siempre solían ponerse en la misma zona. Cerca de ellas, en la barra, había un grupo de chicos. Les había visto al entrar y sus ojos se habían fijado en uno de ellos. No era especialmente guapo, no sabía qué era exactamente, pero no podía dejar de mirarle.

Le habían arrastrado a aquel bar. No siquiera tenía ganas de salir, hubiera preferido quedarse en casa viendo la tele o alguna pelñicula, pero allí estaba, sentado en la barra, bebiendo y riendo. La vio entrar, como un maldito huracán, como esas escenas en que el tiempo se para, todo oscurece y un foco la alumbra sólo a ella. Estaba seguro de haberla visto antes, no lograba ubicarla, pero daba igual, no podía dejar de mirarla. Tenía esa clase de belleza que no todos saben ver, unas curvas generoas, una mirada limpia y penetrante...

Se acercó a la barra a pedir y la pilló mirándole. Ambos se cazaron. Bajó la vista, avergonzada y oyó cómo los chicos reían. Bufó y se recompuso, sonrió muy educada a la camarera y pidió una copa.

- Hola - dijo una voz a su lado.

Le temblaban hasta las pestañas. ¿Cómo le habían convencido para acercarse? Ella le lanzó una mirada asesina y él tragó saliva y volvió a intentarlo.

- No quiero molestar, pero te he visto entrar y...
- ¿Y? Te has dicho "vamos a burlarnos de ella", ¿no? ¿Qué habéis apostado? ¿Una copa, una ronda? Bah.
- Yo... Lo siento.

Volvió con sus amigos, con la abeza gacha y un nudo en la garganta. Sacudió la cabeza y recibió un par de palmadas en la espalda y alguna palabra de ánimo.

Ella se maldijo mentalmente, se repitió que era mejor así para convencerse mientras su cabeza desarrollaba un escenario idílico en que no le había apartado. Volvió con sus amigas, que le reprocharon que hubiera sido tan borde y no le diera una mínima oportunidad al chico. La tacharon de diva. De pronto ya no le apetecía la copa ni estar allí. Ya no se veía guapa y sólo quería volver a casa. Le pasó la copa a una de ellas y se despidió sin besos. Se limitó a ponerse el pijama, acurrucarse bajo las mantas y llorar hasta que el sueño la venció y dejó paso a unos sueños donde el lastre a sus espaldas no condicionaba su vida...

miércoles, 3 de febrero de 2016

Detesto.

Detesto que la sábana esté mal colocada.
Detesto darme la vuelta en la cama y que esté fría.
Detesto despertarme antes de que suene el despertador.
Detesto sentir cómo se me duerme el brazo que tengo bajo la almohada.
Detesto que se salte la calefacción y notar el frío en la nariz.
Detesto que las musas me ataquen cuando me echo a dormir.
Detesto soñar contigo y que no estés cuando despierto. Y que no estés nunca.
Detesto abrir los ojos en mitad de la noche porque un nudo en el estómago no me deja respirar.
Detesto pensar en ti.
Detesto que no me calmes en mis desvelos.
Detesto que me miren raro por cenar sola en un restaurante.
Detesto que se enfríe el café mientras escribo y esta taza lleva horas congelada...

lunes, 1 de febrero de 2016

Desvelos



Otra vez el desvelo de las 6:30. La calefacción se salta y hace frío. Y no estás para calentarme. Ya nada me da calor. Nadie me da calor... No sé si es el frío o las musas. O quizá seas tú, que te has hecho un fuerte en mi cabeza y no logro sacarte de ahí, mantenerte encerrado durante el tiempo suficiente para que la herida cicatrice, para que el dolor cese. Siempre te escapas, te das un paseo por mi recuerdo lo desbaratas todo, lo rompes, lo destrozas, haces más ruinas de las ruinas y te juro que hay días que creo que me romperé en tantos pedazos que nada ni nadie logrará recomponerme jamás...
Abro los ojos con la vaga esperanza de encontrarte durmiendo a mi lado y los cierro de nuevo. Aquí sólo hay oscuridad y frío.

Un café con Sara

Quedé con Vanessa en El Café de la Luz a las cinco. Llevaba semanas hablando con ella, preparando la cita para una de sus próximas visitas...